Por Enrique Meléndez
¿El teniente coronel será que piensa que uno se va a comer esa coba de que fue mayor el desfalco de Nelson Mezerhane en el Banco Federal, según sus palabras, que lo que se ha perdido por el caso de Pudreval? Indignado brama: “Es mayor el daño de Mezerhane, que lo que se ha perdido en esa comida descompuesta”. Esto le da pie para dejar por el piso la reputación de Mezerhane y, de paso, de Guillermo Zuloaga, a quien también aprovecha de meter en el mismo saco, ante la opinión pública.
Pero aquí hemos llegado a esa situación en el que la persona que habla dice: “Miento que digo la verdad”. ¿Le importa a él que uno le crea? El dice lo que es su verdad y punto. De hecho la reitera con una obsesión gobbeliana: la repito miles y de veces y la convierto en verdad, y en esto evoca aquello de Pascal de que hay verdades de razón y hay verdades de corazón. De modo que sus verdades serían de corazón, siendo por lo demás una conciencia enamorada.
Lo cierto es que estas verdades le salen traducidas en mentiras por los codos en la medida en que a partir de Mezerhane y Zuloaga deja un rastro de sombras con sus términos, que está más allá de la espalda de estos dos señores, y que es lo que se conoce como tapar: fulano tapa a zutanito en determinada jugada, en efecto, en un trance de complicidad. De modo que en nuestro teniente coronel las palabras son cortinas, mientras sonríe el tercio, y nos pica el ojo para que veamos que la cosa no va en serio. Claro, él pone una cara de gravedad, adusta: imponderable la cosa que está tratando; mucho más en el caso de la moral de Mezerhane y Zuloaga. De hecho, ya uno acusa una omisión en su persona.
Obsérvese lo siguiente: cuando se reformó la administración pública en tiempos de López Contreras en Venezuela, una de las transformaciones consistió en hacer de la función supervisora del Estado, no una instancia para castigar el delito, como se venía haciendo hasta entonces, sino para prevenirlo, y lo que requiere un control y una fiscalización constante sobre la labor del funcionario, y no el examen del balance final de lo que ha sido su conducta en el desempeño de la misma, como se hacía antes. De modo que todos los organismos de supervisión del Estado, sobre todo, para el caso de Mezerhane, es decir, los organismos de supervisión financiera están orientados a modo de que no se produzcan desfalcos como el que Chávez dice que le ocasionó este señor a los ahorristas del Banco Federal. Es decir, ¿no se culpa a sí mismo o a su gobierno de ser inoperantes a ese respecto? El en este caso pondría presos a los porteros que permitieron que Mezerhane entrara a la Superintendencia de Bancos a registrar dicha entidad financiera. Ellos son los culpables, a su juicio, si tenemos presente que contamos con un Ejecutivo representado por gente con muy buena fe en la vida, y así dejaron que entraran estos dos pillos.
enriquemelendez@cantv.net
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